El Sacramento de la Reconciliación (Confesión) es un hermoso encuentro con la infinita misericordia de Dios. Si hace mucho que no se confiesa, no tenga miedo. Siga esta guía sencilla.
Antes de entrar al confesionario, reflexione en silencio sobre sus pecados a la luz de los Diez Mandamientos. Sienta un arrepentimiento sincero y proponga no volver a pecar.
Arrodíllese o siéntese. El sacerdote lo recibirá. Haga la Señal de la Cruz y diga:
"Ave María Purísima, sin pecado concebida. Hace [tiempo] de mi última confesión."
Mencione sus pecados con honestidad y claridad. Puede empezar con los más difíciles. Al terminar, diga:
"Pido perdón por estos y por todos los pecados de mi vida pasada que no recuerdo."
El sacerdote le ofrecerá consejos pastorales y le asignará una penitencia (oración o acción que demuestra su deseo de enmendar su vida).
El sacerdote le pedirá que rece el Acto de Contrición para manifestar formalmente su arrepentimiento.
El sacerdote extenderá su mano y pronunciará las palabras de Absolución. Responda: "Amén." El sacerdote lo despedirá en paz. Vaya y cumpla su penitencia.
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